Presencia difusa
Publicado el 27/06/2007
Unos días menos y alguno de más.
Ya tengo mi visado y lo de NY está casi hecho. Faltan algunos preparativos y una semanita en Barcelona antes de cruzar el charco. Vuelvo, por fin, a Nueva York.
El Sol falta en París, se hace esperar. En el sur, en Six-Fours-les-plages, el Sol arranca la piel a trocitos, y cambio de piel como los reptiles y cambio de medio como los cobardes. Inundaciones en el norte, Sequía en el sur.
En el trabajo, la atmósfera se enrarece. Mi presencia es evitable, difusa, azarosa. Ando por los pasillos bajo una presión delicada, bajo un manto de fina seda oxidada. Mi presencia se desvanece; mi roce se desliza, se deshace.
En el espacio exterior el silencio supremo no deja de expandirse, de dilatarse hasta llegar al límite del infinito. Los cuerpos astrales se alejan unos de otros hasta quedarse solos, hasta perderse en su órbita grabitatoria, rutinaria, perfecta.
La ausencia de luz impide percibir cualquier tipo de dimensión, cualquier vía de escape. El espacio se condensa hasta reducirse a un vacío material donde se derrocha la existencia. Lo único que podría liberarla es una prisión de carne.
Unos días en Barcelona, eterno retorno de lo idéntico.