Pantalla total

Andreu Abuín
Publicado el 28/11/2007
 

La pantalla permanecería encendida, iluminada, a todas horas.
De ella surgirían todo tipo de motivos, algunos de los cuales parecerían realidades.
Un rectángulo o plano que colmaría la vista, último sentido.

Cualquier cosa incorporaría una para que pudiésemos ver y por lo tanto creer.
Cualquier cosa de verdad estaría conectada para serlo, asumámoslo.

Por doquier, aparatos sofisticados deberían hacer rebosar los sesos de información provocando un ruido ensordecedor en el cual el pensamiento se estancara.

La luz de la pantalla se haría cada vez más intensa, cegadora.
En el momento en el que superase a la luz solar, las retinas de la mayoría ya estarían atrofiadas.
La nueva realidad estaría basada en zonas de color, manchas en las que se disolvería la sangre, se estamparía el dolor.

Cualquiera debería ya tener acceso a la tecnología, basada en manchas y ruido.
Cualquiera tendría ahora que revestir su piel del látex que remplazase al tacto.

¡A buenas horas tus caricias, cuando sólo me quedase oído y tan poca vista!

Ficción
  • Read a quick translation of this article in English.

Un fin

Andreu Abuín
Publicado el 27/11/2007

Cuando sonó el teléfono, Emma ya era demasiado tarde.
Cuando sonó el teléfono eran algo así como las 4 de la tarde, tarde ya.
Emma cogió el teléfono sabiendo que ya no significaba nada.

Una voz ronca dijo Emma.
Dijo Emma y Emma no supo que decir... Sí... quizá 'sí' podía ser suficiente.
La voz ronca que salía del teléfono cesó por un momento, un momento que Emma podría interpretar como largo de no saber que ya nada significaba algo.

Emma, repitió la voz ronca, esta vez de manera explicativa pero acabada como con puntos suspensivos.
Sí... repitió Emma como un oui, dejando un inmenso espacio en blanco detrás.

– ¿Estás bien?
– Descuida.
– Sólo llamaba para...
– No es necesario.
– No me hagas sentir culpable.
– Voy a colgarte.
– Descuida.

Ficción

    Thanksgiving

    Andreu Abuín
    Publicado el 24/11/2007

    En este momento Zohreh dice que quizá no valga la pena más y luego se ríe a carcajadas.
    Evito mirarle.
    Es la noche de acción de gracias o, como dijo Celia, 'del pavo'.
    '¡Feliz día del pavo!', me dijo a modo de saludo, o como para colgarme.

    Me giro.
    Desde la ventana puedo ver el espacio exterior.
    Las estrellas y demás cuerpos celestes desfilan a toda velocidad.
    Puntos luminosos que atraviesan la ventana de arriba a abajo, fuera.

    Me levanto del taburete para coger más vino, en la cocina.
    Jeff sigue hablando incansable con su prima, o como tiene por costumbre llamarla.
    Ella escucha atentamente mientras espera, de reojo, que le rellene la copa de Rioja.
    También ríen, pero como normal, sin asustar a nadie.

    La sala prosigue su trayectoria silenciosa a través.
    Como si eso fuera poco, he perdido mi reloj.
    Pregunto la hora.
    Todos me miran. Primero a mi y luego entre ellos.
    Murmuran algo y se ríen.
    Zohrah revienta casi de la risa.
    Dice que se va a dormir.

    Happy Thanksgiving, dice.

    Ficción

      Aquí

      Andreu Abuín
      Publicado el 9/10/2007

      En este rincón del espacio me siento bien.
      Y quizá sólo en estas coordenadas de todo el universo pueda llegar a entender lo que soy.
      Es precisamente, creo, apelotonado y desnudo contra estos tres planos, la cabeza entre las piernas flexionadas y los brazos alrededor que me parece que puedo llegar a comprender lo que en el fondo significo.

      No te sabría decir por qué pero creo que no podría llegar a un estado similar en ningún otro sitio.
      Y no es que no me guste la playa o la montaña.
      No es que no sepa admitir lo agradable que es estar tumbado, durante un buen rato, debajo pino.
      Pero es que creo que nada iguala a este rincón formado por tres superficies de mármol en el que encajo como hace años, muchos.

      Y quizá sólo. Puede ser que sea este el espacio que realmente me corresponda.
      Y aun te diré más: que nada en el mundo me gustaría más que quedarme aquí durante todo lo que me queda, y, más todavía, que desearía fuese mucho.
      Y que aunque no te lo creas, sólo distingo en el tiempo a un sólo instante cuando me quedo aquí, entre estas tres paredes.

      Ficción

        El redentor

        Andreu Abuín
        Publicado el 7/10/2007

        Se levantó del suelo manchado de sangre, escupiendo la bilis.
        Antes de volver a caer miró con desprecio, un instante antes del aturdimiento completo, el coma casi, no, el fin.

        Tirado ahí, en medio de la nada, vencido, su pensamiento cesó.
        Su cabeza contra el asfalto chorreaba la vida que en contacto con el aire no tardaría en oscurecer, en solidificarse, en reducirse hasta convertirse en una mancha.
        Él, tirado ahí, no tardaría en devenir lo siempre había deseado, en el fondo, de no haber...: materia.
        Ough.

        Tirado ahí, era sólo alimento del que no tiene más planes que el aquí y ahora, del redentor.

        Éste le desabrochó lo bragueta tirando bruscamente le bajó los pantalones.
        Él parece que dijo agauft.
        Le arrancó el calzoncillo, de cuajo.
        Su cuerpo permanecía intensamente caliente, incompresiblemente dispuesto.
        Se le tiró encima mientras se desabrochaba, ahora temblando, su propia bragueta.
        Con la mano derecha sacó su mástil y lo hincó en el ano ya inerte.

        En el acto, su polla emitió un magma blanco que inundó el recto.

        Luego, entre unos jadeos, la víctima se giró.
        Luego, más tarde, volvió a casa.

        Ficción

          Este sitio está producido por Enkīdu