Sueño 33
Publicado el 3/10/2007
El castillo se encontraba, quizá, a pocos metros de distancia, pero ya había anochecido.
Mis pies estaban empapados en sudor y sangre después de varios días de camino.
Mi mirada se extasiaba a menudo localizando cualquier brillante espejismo posible: agua, lecho, brisa...
Yo más bien parecía algo así como un despojo de persona, un aborto de defectos que avanza impasible.
El castillo, invencible, se alzaba allí, como un bloque de titanio atraviesa las entrañas de la tierra, precisamente.
La distancia que nos separaba era tan desconocida como lo es la piedra para todo aquel que no sepa ver o que quiera saber demasiado. ¿Cuánto quedará?
En un momento dado, la fatiga fue tan grande que me pareció desfallecer y ver algo que nunca había visto antes.
Algo tan enorme que no cabía en mi imaginación; algo tan feroz que me hizo perder el oído.
Por un momento, entre paréntesis, creí ver como la vida trataba de engullirse, a si misma.